4 Razones por las cuales me gustaron los 90s, pero igual no quiero volver

4 Razones por las cuales me gustaron los 90s, pero igual no quiero volver

Este es un artículo bipolar en el que estoy así como que quiero y no quiero la cosa #ommmmmbee. Estamos en el 2016, el año en el que todo el mundo hubiese preferido haber nacido en otra época, algo así como lo que pasa en la película Midnight in Paris de Woody Allen, si no la han visto, no se las voy a spoilear, pero tampoco se las voy a contar, o sea olviden esa referencia, ni sé pa que se las dije. El asunto es que nadie parece estar conforme con el 2016 y en general con esta época que vivimos. Ahorita está de moda echar para atrás y escudriñar en el pasado en busca de mejores tiempos. Yo en lo personal soy de los 90s, esa década me forjó y me hizo lo que soy… o sea no hizo tan buen trabajo, pero ese no es el punto hoy. El punto es que hoy quiero meterme en la máquina del tiempo , sentirme cool y brindar por los 90s…y luego recordar porque no quiero volver. Me gusta el presente y en el punto en el cual la humanidad se encuentra ahorita.  Tampoco es que estamos tan mal la verdad…¿O me equivoco?

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Bueno…se me había olvidado este man.

En fin, este artículo va dedicado exclusivamente a los millenials y a la generación z, o epsylum, o cómo sea que se llame la generación que viene retando. Porque aunque es cool recordar de vez en cuando el pasado, no podemos descuidar el presen (wao, que deep!). Entonces, aunque los 90s eran cool, si me dieran la opción de volver…no volvería. Y una de las razones que me pone a pensar en esto era que antes…

4. Si tenías compromiso con tu frenes a una hora, había que respetarla, cambiarla a último minuto era un huevo.

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Con tus frenes y con el tío de alguno de ellos que se creía un chiquillón, siempre había uno de esos.

Antes no había whatsapp, facebook messenger, instagram chat, tinder, grinder, ni siquiera mensajes de texto, había palomas voladoras, pero la única vez que envíe una, no llegó ni el mensaje y ella nunca volvió, así que probablemente este muerta. En fin, no había manera de estar constantemente chequiando la hora de una cita, de un parking o de un evento. Si tú y tus frenes quedaban de que iban a verse a las 5 de la tarde en Billares Nelson, Games and Dragons o una shit noventera de esas, tenía que ser a esa hora o media hora después, pero si foldeabas a última hora las consecuencias iban a ser catastróficas.

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Bueno, no es pa tanto, pero sí me iba a poner bien triste.

El lado bueno de esto era que tenías que confiar en tus panas. Mientras que el lado malo de esto era que tenías que confiar en tus panas, les dije que este era un artículo bipolar. Si uno era de los puntuales (cof! cof! nerd), llegabas y te tocaba tomarte un litro de paciencia para esperar a los webas que se podían demorar hasta una hora poniéndose talco menem o farenheit (uno de los perfumes pegaos de la época). Si todo el mundo llegaba no había lío, empezaba el parking y todos felices. El problema es si a alguien en el camino se le daba la gana de cambiar de planes, o le entró una diarrea antes de salir o simplemente “se quedo dormido”, eso era un clásico. Si el parking eran tú y un sólo fren, cagaste broder, te tocaba esperar y esperar, hasta que te llenaras de valor para pedir un teléfono o salir a formar fila a un teléfono público, sacar tu libretita (oh sí, había libretitas) y llamar a ver si el o la webas se había quedado dormido.

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“Voy en camino paps” (frase yeye noventera)

El lado bueno de todo este asunto, es que no había nadie intenso jodiéndote cada dos segundos a ver si ya habías salido, si estabas en tranque, si te pasaba algo o una shit de esas. Eras libre de arreglarte y salir con toda la calma de el mundo. El pelao de los 90s tenía la facultad de medir el tiempo mejor que los de ahora, en base a la posición de el sol, el viento y esas mamarrachadas, casi como los mayas. Ahora no, ahora dependemos de la tecnología. Pero por otra parte, el lado bueno de esto, es que si alguien me va a plantar o me deja con el ganchito azul y no llega, me levanto y me voy. No hay que estar en la sosobra de la espera y la incertidumbre. Así que me quedo acá en el presente, confirmando mis citas dos horas antes, por si a mi mejor amigo le entro una depre o la serie de Netflix que estaba viendo está en el punto de el sabor. Y si es así, mejor “dejamos eso pa otro día”, cero drama.

Y hablando de teléfonos…

3. Estar en la calle y querer comunicarse con alguien era una odisea.

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No una odisea como la que vivió este man, pero así más o menos. Ver Phone Booth, esta brutal esta película.

En los 90s salías de casa y ya, estábamos totalmente incomunicado de todos, el menos que tuvieras un beeper y esas vainas eran horribles. Y aunque sí había gente con celulares, esto era poco común, tenías que ser muy pero muy yeye para tener uno. No eras esclavo de el celular ni de las laptops, eras un alma libre, libre como el viento y peligroso como el mar (Luis Mi). Eras una criatura de la pradera sin ataduras, disfrutando el mundo con tus ojos, no tomando fotos para instagram. Escuchando los sonidos de el viento, no pegado al spotify (había walkman y discman, pero esas vainas eran horribles igual), olías con tu nariz…como ahora, para eso si no hay substituto, aún hay que aguantarse el olor a marea baja en avenida balboa. En fin, eras libre. Esto era muy, muy pritty.

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3 años esperando para usar esta referencia y BOOM! Aquí ta. LIBRE SOY…and shit.

Ser libre era bueno, no salías a la calle pensando en “chotear” a nadie para nada, el plan ya estaba hecho. El problema eran las urgencias, los imprevistos, y en un asunto muy personal, llamar a mi vieja para que me fuera a buscar a la escuela. Que problema era esa vaina y yo era super niño de mami, así que me ponía a llorar y todo.

Si se presentaba una situación así focop en la que había que comunicarse con alguien estando en la calle, ardía Troya. Las opciones no eran muchas, y todas requerían de tener muchísima lactosa efectiva, o sea buena leche. Una de esas opciones era pedir el teléfono en algún local u oficina que tuvieras cercana. En mi escuela eso era un problema, la gente no prestaba nada. Igual y por allí andabas de buenas y te prestaban un cuernófono en algún lugar por allí algún alma caricativa. Luego tenías que pasar a la segunda etapa de la buena leche, esta era que el teléfono al que llamabas no estuviese ocupado o que la persona estuviera en casa. Todo era un volado. Si nadie te prestaba nada, entonces la otra opción eran los clásicos y casi extintos teléfonos públicos. Ellos eran otro tema hermoso y nada divertido, por mi madre que no quiero volver a vivir esa vaina.

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Y el gordito ese tampoco parece querer volver a vivirlo.

Podría hacer un artículo completo de historias de ultratumba que me pasaron en los teléfonos públicos, es más, lo voy a hacer. Pero hoy no, hoy sólo les voy a decir que tener que usar uno de estos en casos de emergencias era un dólor de muela del juicio infectada y con una endodoncia sin anestesia. Uno los podía usar chillin para llamar a la geva ese día y pasarse un rato largo allí tirando labia, pero si la situación era urgente, entonces la vaina se ponía focop.

Primero, el teléfono debería estar disponible. Si había fila ya estábamos en líos. Dependíamos de que nadie tuviera la maravillosa idea de ponerse don juan o bomba sensual en el teléfono a tirar labia. Si no había fila entonces había que tener monedas, pocas o muchas, dependiendo de nuestro caso a tratar y cuánto tiempo queríamos hablar. Si teníamos monedas, entonces bien, íbamos bien. Ahora venía la parte más sabrosa de todas. Marcar primero y luego echar la moneda, o esperar el tono (algunos teléfonos nunca lo daban) y luego echar la moneda, en lo personal siempre me enredó esa vaina, no sabía si echar la moneda primero o marcar primero, mi cerebro no da pa` tanto. Luego al echar la moneda teníamos que esperar que conectara y que el cabrón teléfono no se tragara mi moneda. Y si se la tragaba…entrarle a golpes entonces. Era la única solución, descargar toda tu ira contenida en ese aparato del infierno. Igual y podíamos marcar a la operadora y esperar que el awebao…digo, la persona a la que llamábamos aceptara el cargo y vaina. Era una logística muy brava y en los 90s yo sinceramenteandaba pensando en Xuxa y sus paquitas. Más nada.

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Oh sí, la pubertad. Linda pubertad.

Esto me lleva a otro tema, que no tiene nada que ver, pero me lleva a otro tema pues. En los 90s…

2. No teníamos tanta información a nuestro alcance, era una ignorancia feliz.

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Oh Lord Netshit!

Una bendición y una maldición, así describe mi abuela el  hecho de que los chicos de ahora lo cuestionen todo, lo sepan todo y por todo se ofendan. Los 90s eran una década de magia. La magia del cine, los shows de magia de David Cooperfield y Lance Burton, la magia de los políticos para desaparecer los fondos públicos, la magia de las empresas multinacionales para crear monopolios sin que nadie las jodiera, en fin, había mucha magia en el ambiente. El joven de aquel entonces vivía sumergido en tanto descubrimiento y tantas cosas nuevas sin cuestionar mucha vaina. Eran tiempos felices. Sólo un grupo selecto se tomaba la libertad de protestar y molestarse por las cosas que no se veían y por ende no se sabían. Las teorías de conspiración y todos esos relajos eran asuntos de un grupo pequeño nada más. El tipo de gente que en aquel entonces nadie invitaba a fiestas.

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“Firulais, A qué tu no sabías que eso de que el video de el hombre en la luna es una fucking mentira”, pobre perro…el de la derecha.

Lo bueno era no vivir el día entero amargado por cosas que no podemos solucionar en el momento, al no conocer, no teníamos manera de darnos cuenta que el mundo es un círculo vicioso de situaciones focops que nos estaban llevando al infierno de Dante y la extinción total, así bien bonito. Entonces estábamos cool. Lo malo, era que ya desde aquellos años veníamos contaminando los mares, consumiendo electricidad en exceso, comida en exceso, y en general excediéndonos en todo lo que ahora nos tiene jodidos.

Con la llegada de google, netscape, yahoo, bing y otros navegadores, así como la expansión de el internet, ahora la información está a nuestra alcance a solo un click. Quieres ser un Don Juan, búscalo en Google, Quieres saber que enfermedad tienes, Búscale en google, Quieres hacer cerveza en casa, Búscalo en Google, Quieres ser dueño de tu propio negocio y saber más sobre los telares y todo eso…muérete, y no me busques para esa vaina, te odio. En fin, Todos nos llega de una. Ni hablar ahora que tenemos redes sociales y tu tía Jimena que vive en Marruecos anda posteando como se derriten los polos y el oso polar cada vez tiene menos comida (esto es verdad). Aunque la tía Jimena también postea cadenas y los clásicos “Comparte esto y Jesús curará el hambre en Namibia”. Pero no importa, al menos ella lo intenta, no le des unfriend.

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“Se puso bien loca tu despedida de soltero sobrino”, tan linda ella, mira esa carita toda arrugada y hermosa.

El conocimiento y la gran cantidad de información a la cual tenemos acceso actualmente ha hecho cosas buenas por la civilazión…también malas, pero me voy a enfocar en las buenas en este párrafo. Gracias a lo que conocemos ahora muchos gobiernos se abstienen de hacer más de 4 vainas, todo se expone al día siguiente, han nacido movimientos cómo lo que pasó en Egipto en 2011, .Muchas personas tienen la oportunidad de aprender cosas por su cuenta y emprender negocios gracias a el internet, en fin, ha pasado de todo gracias a la información a la cual tenemos acceso hoy en día. Se podría decir que en cierto sentido hemos salido de la oscuridad y entrado en una era de luz.

Claro, todo lo que dijo en el párrafo anterior depende de cómo uno utiliza esa información. Porque por otra parte también es cierto que ahora la gente se ofende por cualquier awebasón, todo el mundo quiere ser activista en redes sociales de cualquier vaina aunque no vayan a darle seguimiento, mucha gente cree que puede opinar con autoridad sobre cualquier tema porque lo leyó en wikipedia, y hay mucho cibervaliente, pero nada que se atreven a tirarse a la calle ni nada de eso, pa qué. Yo pido firmas online y ready.

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“Ahora si te pasaste Gallinazo, dejame reportarte la cabrona página para que te tumben el facebook MARDITO!”…seh, así hay varios por allí.

En fin, la magia de los 90s era linda, pero prefiero vivir en esta época dónde la información está a un click de distancia y dónde la gente puede ser emprededora y vaga a la vez, sacando una página web y burlándose descaradamente de la gente mientras se esconden como cobardes detrás de un personaje ficticio…O sea nosotros.

Y la última razón por la cuál me gustaban los 90s, pero prefiero quedarme por acá es…

1.Antes la Cartera pesaba lo mismo que un recién nacido.

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Lo triste es que había más papeles que billetes.

Las nuevas generaciones notarán que nosotros los noventeros vivimos con problemas en la corva, zona lumbar, espalda, caderas, nalgas y nos sentamos de ladito (bueno…eso también puede ser otra cosa). Muchos de estos problemas focops tienen mucho que ver con que antes las carteras eran el lugar para meterlo todo #ommmmmbeeeee again. Los 90s eran una década de mucho prejuicio de género, ahora ha cambiado un poco. En aquel entonces un hombre no podía andar con un handbag así grandote tipo cartera de mujer. Ahora es más flexible el asunto.

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No sé que tan flexible, pero sí es más flexible el asunto.

A esto de la cartera si me costó encontrarle un lado bueno, y la verdad, no se lo encontré nunca. Había papeles, fichas de el seguro, carnets de seguro social, tarjetas de todo el mundo, fotos de graduandos y condones sin usar (no me  vengan con que los usaban todos, dejen de farolear webasón). No había manera noventera de escapar de ese suplicio. Ya sea que llevarás la cartera en el bolsillo de atrás, o en el costado (los que vivimos en el ghetto no queremos que nos roben), siempre teníamos un bulto por allí en el pantalón, y no necesariamente un bulto para estar orgulloso. Era más como un tumor, un chichón, una aberración. Esa vaina si era incómoda. Y tenías que tener todo eso allí, no había de otra. Bueno si había de otra, pero…

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Wakala!

Afortunadamente aparecieron las tarjetas ¡TADAAAA!

Las primeras tarjetas ATM, aparecieron en Londres en el año 1967, luego fueron aparecieron las tajetas de pago, las de crédito (las odio con toda mi alma) y finalmente las tarjetas de débito. La revolución de las tarjetas de débito vino en la primera década de este nuevo siglo 21 y la bola picó y se extendió. Muchos son quienes prefieren andar sin efectivo y sólo con tarjeta. Otros cargan poco efectivo y muchas tarjetas, y existen los osados que se la juegan a puro tarjetazo. Y cuando el sistema se cae, entonces andan pidiendo cacao, la vaina tampoco es así, sean serios y cargon dos billetitos al menos, coño.

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Yeiiii, por las de débito. A las de crédito las odio. Aléjense de mí Satanás.

Como todo en este mundo, las tarjetas de débito tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Entre las malas están que te pueden falsificar el pin y joderte la vida, así de fácil. Y también que a veces el sistema se cae, sobretodo a media noche para los que andamos de borrachos por allí a cada rato. Sin embargo, prefiero mil veces el tarjetazo y un par de billetes que el carterón ese que me jodía el ass.

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justo allí me dolía.

Con respecto a los papeles y las demás vainas, hay muchos que aún cargan su par de papeles encima, pero los smartphones y los pdfes (ni sé si gramática mente puedo hacer esto, pero que shit), han ayudado a que la carga sea más ligera. Si aún cargas tu carterón por allí…SHAME ON YOU! Y si es de Velcro y ya tienes más de 15 años…Madre Mía!

El punto es que los 90s tenían su magia y su sazón, pero tampoco estamos tan mal ahorita. En lo personal soy de los que se siente agradecido de vivir en estos tiempos. Y si vemos tantas cosas online, videos y todo eso de que el mundo se está iendo al demonio, quizás eso también tiene que ver con que antes no todos teníamos una cámara para grabar las barbaridades y vainas locas que pasaban. En lo personal vi bastantes cosas bien locas  en esa década que si se posteaban online mi madre me mataba. Afortunadamente no pasó.

Vivamos el presente y recordemos el pasado con feeling. Nos vemos en una próxima entrega aquí en Herag TV y El Gallinazo. Somos la misma vaina pero con doble personalidad pues. Nos gusta ese relajo.

Saludos

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