China: Una visita inédita a la torre de televisión y Radio de Beijing, 405 metros de puro asombro.

China: Una visita inédita a la torre de televisión y Radio de Beijing, 405 metros de puro asombro.

Hace ya un añito de aquel viaje en que 6 panameños nos fuimos a China y donde las mejores visitas turísticas eran las que se nos salían del forro, o sea las que no eran oficiales en la cuales teníamos un busito turístico así bien portado y donde por cortesía aplaudiamos las canciones chinas que cantaba la amargada Madam Ho, la organizadora de los viajes, además porque las salidas oficiales eran como ir a Disneylandia, muy infantiles los trips. Lo underground era más interesante, el caminar fuera de la ley y a donde sea. Así nos fuímos sólo Nico y yo a huesear a un lugar al que él quería ir desde que lo vió desde adentro del busito de paseo así a lo lejos. Era una torre altísima que parecía aguja hipodérmica que averiguando nos dimos cuenta que era la antena de radio más grande de China y así se le fue ocurriendo a Nico la idea de ir para tomar videos panorámicos de todo Beijing. Nos montamos en el metro a ciegas para ir a buscar en donde estaba esa torre, así perdidos sin rumbo y esto fue lo que pasó.

Mapa de la torre, que en sí es una antena, desde donde se transmiten las ondas de radio y TV de la estación estatal CCTV dentro de Beijing.

Aquí en la salida del Metro de Gongzhufen en el distrito de Hai Dian, más perdidos que un chino en su primer día en Panamá. Y empezó la preguntadera para dar con la torre y un muchacho nos tiró buen inglés diciéndonos donde quedaba la antena de la CCTV y caminamos.

En el walking vimos cosas humanamente raras, como esta. Era la tercera vez que veía un man jalándole el pelo a su guial y regalándose porrazos de cariño cholo. Quien sabe, el cariño tiene tantas formas.

En China hay muchos VW y así como en Japón al ponerles un nombre latino son muy curiosos. ¡Vaya la vida!

Empezando a echar pie con otra nueva dirección que nos dió una muchacha del puesto de helados y paletas con sabor a chocotate con ni nos recordamos. Se veían modernos edificios de apartamentos en la calle que tomamos llamada Xisanhuan que es una avenida con un diseño muy urbano y limpio y grandes áreas abiertas lo que resultaba agradable, además de una fresca brisa que nos hacía olvidar el smog, mientras el sol estaba dándonos sus últimos rayos de cortesía.

Los edificios estaban a la derecha de la vía, pero a la izquierda bordeaba la actividad humana a bajo nivel. Muy pintorezco el parque Yuyuantan, hasta parece europeo. Alcalde Blandon, copiese de estas baldozas en sobrío tono gris que ya me siento como si pisara comida para perros por esos tres colores que tiene nuestras nuevas aceras.

Seguíamos rastreando la torre y veíamos que el camino se hacía muy largo. ¿Dónde estaba esa antena? Ya pensabamos que nos habíamos perdido.

Hasta que Nico detuvo a un Ruso que se parecía a George Bush y nos fue dando fé de que siguieramos caminando que nos la ibamos a encontrar más adelante. El tipo hacía muecas como las de Mel Gibson cuando le entraba la guilla en Lethal Weapon.

…y al fín que le vimos la curumbita a la torre y nos alegramos de que el trip estaba dando resultados.

…pero aún no llegabamos por más que caminabamos, mientras tanto yo me entretenía mirando las rarezas del río que bordeaba urbanamente el tramo final hacía la Antena.

Y llegamos. Ahí va Nico, realizado llevando todos los pertrechos y cámaras para documentar lo que verá al subir a la Antena.

Dos elegantes dragones flanquean la entrada hacia la antena, que tiene una base en un diseño muy tradicional.  A medida que nos acercabamos se notaba la actividad de la gente.

Sobre elegantísimo. Quiero uno en el techo de mi casa para espantar los malos espíritus.

Compramos los boletos en la taquilla 60 yuanes cada uno y las muchachas boleteras regalando sonrisas entre la calor que hacía porque la fila estaba medio rof con la gente tirando por su ticket. Ahí viene bajando el elevador y ahí vamos por dentro y por el metro 85 de los bestiales 405 metros de altura que en pies son 1,347 zapatillas nikes.

Yo voy subiendo apretado entre la gente así bien serio, y de rrepente noto una mano que me jala el sueter y yo diske ¿Y esta vaina? Era el Nico con una sonrisa en la cara y yo no sabía por qué, y me dice después que es que “él le tiene miedo a las alturas”, así que a lo mejor le dió una de esas guillas de pelaito con culillo y yo creyendo que se reía era de felicidad por la experiencia cumbriforme.

Llegamos al sombrero de la torre que es una plataforma observatorio que queda en los 386,5 metros, mientras que a los 221 metros está un restaurante. Ya entendemos porque había que salirse en ese punto y luego entrar denuevo. Saliendo del elevador  se empezaron a escuchar algarabías de voces chiquitas y era la cantidad de pelaitos disfrutando del asunto estratosférico que empezabamos a tripear. Allí todos los años se celebra una carrera hasta la cima de la torre, que consiste en dos vueltas a la base seguidas por un ascenso de los 1484 escalones que conducen hasta la plataforma de observación.

A primera vista entendimos la redondez de la plataforma, que recuerda 2001 Una odisea espacial, lástima que ese día no se podía correr, había mucha gente.

Y Nico alcanzó a tomar instantáneas con un sol que parecía salido de un folleto de viajes.

Al ir paseando a lo largo de la plataforma nos dimos en la frente con este cuernófono gigante. Según la leyenda que siempre la hay el gritar y maldecir por el interior del cuerno, sirve para deparar suerte y abundancia.

Los niños eran los más gritones, ya con eso podían ganarse buenas notas en la escuela y las mamases gritaban para no tener que darles cuero por malas notas, eso creo yo no sé.

Para suavizar el infernal ruido de las turbinas de los generadores de electricidad de la antena, adheridas a las cercas la decoración de relojes y efigies de diferentes países moderaba la visualidad de los entornos.

Brasil y el Tahj Mahal, con sus horas del pebre, más nada que decir.

Después de todo, lo que en la calle se veía como un sol total, desde arriba el atardecer hace aparecer el smog que realmente cubre Beijing.

Chiquillos observando con curiosidad el urbe Pekines. Esos lentes miradores aquí no hubiesen sobrevivido, allá los niños de china respetan todo.

Un par de letras conmemorativas para saber qué y quienes levantaron tan colosal torre que se completó en 1992, y fue diseñada por Paulus Snoeren a finales de la década de 1980.

Mientras intentamos saber que decía en esas láminas sí desciframos el por qué las muchachas chateaban en el observatorio. Era para esperar al novio para cenar en el restaurante que está en la mitad de la torre. Y aquí en Panamá algun día tendremos restaurante en el cerro Ancón

En el entremayado hay siluetas de edificaciones, como el estadio de las olimpiadas de Beijing 2008 indicando exactamente donde está.

 

Atardece y las luces ya empiezan a despertar esporádicamente entre los bloques citadinos del Beijing nocturno.

 

Nos alejamos y vemos como ya aparecen las primeras luces…

Y llegó la noche y con ella otro tipo diferente de fotografía. El sol se fue y las luminarias cosmopolitas a pocos minutos de difuminarse dan otra apariencia al paisaje.

Todos los letreros nocturnos son rojos, por qué, no sé, los aviones no tienen excusa para estrellarse.

La experiencia era tan indescriptible allá arriba que hasta me dió el espíritu de mandarle un saludo a mi ex. Porque cosas así llenan el alma y le dan plenitud a quien las vive.

Bajamos de la torre satisfechos con las cámaras llenas de fotos que nos hicieron la tarde, la buena luz y espectacular atmósfera solar y luego en la noche el conglomerado lumínico en toda su extensión. Mientras saliamos le pusimos atención al decorado que esta el Lobby de la antena y al fondo una rara tetera.

Ahí te subías y la vaina echaba un humo blanco como si tu fueses la bolsita de té.
Con toda la noche encima volvimos a la salida, los dragones mostraban una nueva apariencia bajo las luces de los reflectores.

Antes de voltear a la acera de la salida vimos un puesto de refrescos y decidí comprar Mistolín comestible. No sabía a nada esa botella de Gatorade chino.

Ya fuera de la antena sabiamos que nos esperaba una muleada segura hasta el metro nuevamente y buscabamos a quien preguntarle en latin, digo englich que qué bus había que tomar y esta pareja se ofreció a ayudarnos. Sabían tanto inglés como cualquier pelao panameño, casi nada. Aún así nos querían sacar conversa y nos preguntaban de donde éramos y al decirles Panamá ni les sonaba. Y uno creyendo que sabrían por la cantidad de Asiáticos que tenemos. Tuve que dibujarles el mapa de américa para que se ubicasen bien y más o menos que supieron donde queda Panamá buscando en internet. Y en cambio nos dijeron el bus que necesitabamos tomar. Querían seguir hablando pero el bus llego y tuvimos que dejarlos entre saludos de apuro, sino nos quedabamos sin bus.

Este chino muequero se tomó una foto con nuestra cámara. Para subir al bus se paga con la misma tarjeta como en el metro de acá, era hora de salida del trabajo y el fluído vehicular estaba suave en Hai Dian.

La vaina es que bajando del bus hacía ya hambre y vimos un Kentucky chino y un burger King chino y que va, decidimos buscar comida de verdad. Bajamos a un restaurante así normalón, pero que era como subterráneo, las mismas escaleras lo decían. En China es normal comer y comprar bajo tierra.

Aquí los cocineros topos del restaurante subterráneo. Y los platones llenos de vegetales para comer en el instante.

El menú…facilísimo de entender. Y pedimos.

Yo me tomé una sopa de tallarines sin saber de que o qué era, y Nico se mando un plato de fideos revueltos en salsa de tomate con tomate, plato para redundante y resbaloso. Le dieron palitos y por nada podía agarrar esos grasosos fideos y los Nochis riéndose de la vaina con tremendo sarcasmo.

La vaina la cogieron a risa y hasta 3 señores haciendo snapchat de la vaina. Y Nico ni un macarrón logró levantar del plato y tuvieron que darle su tenedor.

Tomando la última foto pa’l cierre de la historia de la salida improvizada tras la búsqueda de la antena perdida. Fue productiva esa salida, en experiencia y en convivio con la gente de china. Casualmente ayer soñé que estaba en China y para complacer a los lectores que dicen que les gustaban más los post de viajes le sacamos esta historia del fotoalbum para refrescarnos un poco de la China continental, donde las sopas y fideos saben diez veces mejor que la sopa continental panameña.  Después de todo pocos Chinos sabían dónde quedaba Panamá, tengo la leve sospecha que todos los Taiwaneses sí saben. ¿Y de Panamá cuánto sabemos nosotros? Lo suficiente, con sólo saber todo lo que está dentro del E-Book “Días Históricos de Panamá”.

Te presentamos la bolita de la sabiduría en materia de historia panameña, el E-book “Días Históricos de Panamá“, producido por los creadores de la famosa página Panamá Vieja Escuela, con nuestra historia completa desde mucho antes que nuestra comunidad china llegara a este terruño hasta la entrega del canal. El libro sigue actualizándose como ahora que Varela unió relaciones diplomáticas con China, porque lo pagas una vez y lo recibes reeditado con material nuevo cada vez. Para tener el tuyo has click en la foto. Listo pues, ahora sí quedamos con ansías de historia.

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