El Casco Antiguo ¿Cuál es su verdadera identidad?

El Casco Antiguo ¿Cuál es su verdadera identidad?

Todos conocemos el Casco, sabemos su origen, y su presente y sabemos también que al Casco le han cruzado muchas décadas, por eso la pregunta sobre su identidad, y la responderemos desde la mayor experiencia, o sea como panameños y vamos a escudriñar el asunto tomando en cuenta todo lo que conocemos de nuestra segunda ciudad histórica desde sus primeros años.

La ciudad de Panamá desde lo alto del cerro Ancón, San Felipe al fondo, y potreros en frente.

Todo empezó en 1673, cuando dos años antes sirvientes, ricos, mestizos y criollos peregrinaron desde el Antiguo Panamá Viejo hacia esta saliente de costa, erigiendo en ella la misma arquitectura de adobe y gruesos ladrillos anterior. La madera colonial abundaba dentro de cada cuadrante de su planicie de fachadas muy españolengas.

La gente…nos imaginamos, ya que no estábamos ahí se comportaba con respeto y educación en cada familia, sea rica o humilde, la cantidad de iglesias repartidas por el casco habla de ese dominio religioso, la moral y lo conservador, mucha provincia de castilla y poco vicio.

La casa Barco, último siniestro registrado en el Casco en 2018

Como hablamos de madera, hablamos de fuego e inevitables incendios en calles muy estrechas, lo que hacía que en el correr de las décadas se suplantaran aquellos lotes siniestrados por la arquitectura afrancesada y su población con ese modernismo se hizo más clasista, San Felipe se fija como el centro residencial y administrativo de la clase alta y política y la discordia entre la clase alta de San Felipe y los arrabales o el pueblo en crudo…era evidente.

Así nace la división y origen del yeyesismo que nos ha acompañado hasta el año 2000. ¿Existen los yeyes? No, Mayer Mizrachi es un ejemplo de que ya no existen. ¡Ja, ja, ja…!

De las puertas para afuera los edificios más sobresalientes de la vecina Santa Ana no lo eran las iglesias, sino muchas cantinas para contentar a los viajeros por el oro y para amortiguar la faena laboral y así el folklorismo hace su tendencia. O sea que se empieza a formar la idiosincracia del panameño que fue evolucionando hasta hoy.

Las ideologías políticas liberales, además del pillismo del panameño se formaron en el parque de Santa Ana.

Seguimos décadas más adelante y ya estamos en el siglo XX, y el Casco Antiguo siguió cambiando su arquitectura y alrededor de los años 20 entró la expresión del Art Deco; los arquitectos en Panamá se daban gusto haciendo cambios morfológicos a San Felipe, de manera que para ser antiguo en realidad lo es a medias, o digamos arriesgadamente que antiguas son sólo sus iglesias del siglo XVII.

A la siguiente década del 30 el Panamá que era más del populacho creció y aunque no existía muro desde 1856, el Apartheid era mental en San Felipe, a pesar de estar socialmente conectado a otros corregimientos debido al desarrollo comercial que imponía el amplio corregimiento de Santa Ana y la presencia de extranjeros producto de migraciones de entre-guerras. En Europa y Medio Oriente estaban pasando cosas no muy buenas. Así se da la más densa diversidad poblacional y la clase alta de San Felipe empieza a sentirse incómoda, no por cuestiones sociales, sino por el desarrollo.

Y pensar en los tranques nocturnos que hoy se forman y que no existen garajes bajo techo

San Felipe se estaba haciendo incómoda para vivir, calles estrechas, la presencia todavía de carretas con caballos en el mercado público, que no contrastaban con las modernidades que el mundo traía; en los 50 llegaron los grandes automóviles americanos que no cabían en el Casco. Así los rabiblancos se expandieron a urbanizar definitivamente el recreacional corregimiento de San Francisco, convirtiéndose en la tercera ciudad yeye para los años 60. Hoy ocurre todo lo contrario, San Felipe es el centro de recreación y  parking turístico y de las actuales urbanizaciones ye-yes.

Con ese éxodo plural de la clase alta el corregimiento ya no les ejerce interés. Los dueños de propiedades de San Felipe aprovecharon para arrendarlas a la clase obrera para recibir beneficios y así fue como el Casco Antiguo cambio de fisionomía y cultura, haciéndose pintoresca, bulliciosa y por qué no decirlo; desordenada por dentro como lo era Santa Ana, el Chorrillo o Barraza. Pueblo puro era la identidad del casco.

En lo turístico los conocidos puntos de interés dentro del casco, sus iglesias, las Bóvedas y la plaza de Francia estaban ahí, pero era un turismo de riesgo, la población de San Felipe tenía sus modos y maneras.

Llegan los años 90, y justo en los inicios de la post-invasión ocurre lo que ningún poblador de San Felipe imaginaría. DESALOJO. Llegó la especulación en la gerintrificación del Casco Antiguo. Una tarea difícil de abarcar en un país que subía como espuma en desarrollo.

Aún en 2016 los habitantes residuales del casco pedían ayuda social.

Curiosamente bajando calle 12 existe un restaurante retro-típico con sillas de cuero cantineras.

El Casco antiguo empezó a perder esa identidad de pueblo, drenándose poco a poco. Reubicaciones, nuevas barriadas en Panamá Oeste, desalojos, otros con incendios supuestamente provocados, etc. La tía Mayín dándose gusto concediendo permisos, luego Balbina Herrera certificando las inversiones de remodelación públicas y privadas que maquillaron con diversos gustos a San Felipe.

San Felipe; cemento, metal, ladrillos y rediseño permanente

Si señores, aunque se mantiene un considerable número de personas humildes viviendo en varios inmuebles contribuyendo al reforzamiento de ese espíritu del pasado, los cambios estéticos y la apariencia del casco antiguo actual es un popurrí de gustos y diseño de azucarado aire colonial, no en el monótono terracota y blanco como en el pasado, sino en floridos colores modernos que don Belisario Porras nunca hubiese imaginado.

Pintuco, Lanco, Glidden y Sherwin Williams para sus ojos

La arquitectura, renovación y construcciones del casco difícilmente pueden comprarse a las de cualquier otra costa colonial caribeña. Como dijimos antes, el Casco no es una ciudad antigua, sino un conjunto cronológico de estructuras, son varias épocas visuales conviviendo en un mismo presente.

En la ventana el matón de Aloe Vera incrustado en una cubeta de helado de la señora Aida.

Y para continuar…nos preguntábamos por la identidad del Casco Antiguo. Socialmente ha pasado por todo tipo de panameñismo en el tiempo. La gerintrificación es la autora intelectual de la presente identidad. Olvidemonos de aquel pueblo y gentilicio de los 80’s. Hoy lo cotidiano en el Casco es el turismo, el ocio, el esparcimiento, los paseos, los restaurantes, los souvenirs, en fin la identidad social actual del Casco vale decir la verdad…es indefinida.

Aunque podríamos decir que la única identidad que sobrevive es la comunidad China y sus casas distribuidoras

Los valores del casco están en las vivencias, los recuerdos y ciertas áreas reconocibles que no han cambiado con el tiempo, como por ejemplo un rescatado café Coca-Cola, la agencia de la lotería, la estación de Policía y sus perecederas iglesias. En lo humano el aire popular que para la mayoría ha desaparecido, ha dado apertura a un ambiente común y neutro para todo panameño que recorra el Casco y se permita sentirlo como parte de su identidad, aunque el Casco en conjunto se sienta impersonal para las nuevas generaciones.

Este es el actual casco antiguo, patrimonio de la Unesco por ser un asentamiento antiguo colonial, que si nos ponemos serios, arquitectónicamente conserva sólo un 30% de sus edificaciones originales.

Las remodelaciones y estilos de diseño concuerdan más con una mixtura de materiales y tecnologías del presente, y la gente que actualmente lo puebla es de por sí inabordable socialmente, se comprende, ya que sus roles son otros. Lo que sobresale son los servicios y el consumo lúdico que se sobreponen a las experiencias que una vez fueron del populacho. Para exagerar un poco, Miami tiene mayor integración social que este pedacito de tierra nuestro.

El casco no es solo tiendas de souvenirs, con la modernización se ha habilitado la playita del Malecón a la que se puede acceder, ya que está limpia en comparación a su pasado insalubre. Entre intentos de imagen tenemos decorando la vía una intromisiva bicicleta que no pertenece al paisaje colonial.

A pesar de la situación pandémica hay más turismo interno en el casco de lo que se cree.

Aprovecho para poner una foto que me salió muy buena de un fotogénico Talingo enmarcando la franja del Casco.

Visitando el área del desaparecido terraplén para sorpresa se eliminaron los intermitentes muros originales que aún estaban de pie. Como vemos el casco sigue siendo sujeto de cambios, que hoy lamentamos, pero luego, como anteriormente ha pasado se añaden a la histórica y constante modificación de San Felipe.

Para terminar nos queda destacar que lo que permanece inalterable es la administración cívica que nos ancla a la tradición, como el suceso del fusilamiento de Victoriano Lorenzo que suma otro año más de conmemoración. La autoridades, entidades privadas, el municipio y la gobernación hacen lo necesario para sujetar al casco a su pasado histórico, mientras observamos que ha cambiado profundamente en lo social debido a grandes decisiones de panameños que actuaron y actuarán en el devenir de San Felipe. Entre tantos cambios estéticos lo que sí es seguro es que no cambiará el tamaño de sus cuadras y calles a pesar de las apariencias de su modernidad. En fin el casco en identidad es un patrimonio en sí. Amén, que me esperan las 7 iglesias de San Felipe.

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