Historias del Metrobus #2: “La caída del Gangsta”

Historias del Metrobus #2: “La caída del Gangsta”

Soy un animal nocturno…eso sonó raro. El punto es que después de 30 años de vida aún soy capaz de mentirme a mí mismo con el clásico: “Hoy sí me acuesto temprano”, jáh…iluso yo. Así que como casi todos los días el internet me endulzó y me desvelé leyendo Wikipedia, natgeo, information is beautiful, escuchando Mozart, ya saben lo que hacemos todos (ver porno).

No dormí un demonio, cuando miré al reloj me dió un mini ataque al corazón…eran las 6:00 a.m. Hora de partir y sin dormir. Afortunadamente los Metrobuses llegaron a nuestras vidas, así que te montas tranquilito y te duermes como un angelito, con aire acondicionado y toda la cosa. “Super Nice”…o eso pensé.

Llegó el metro y como soy un man positivo sabía que iba a encontrar un puesto vacío. Y así fue, era un buen día…o eso parecía.

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Me senté al lado de una señora que iba igual que yo, muerta de sueño y recostada a la ventana. ¿Qué es lo peor que te puede pasar cuando tienes sueño? Porque con las curvas que hay en la “city”  lo que te vas a ganar recostado contra la ventana es una cadena de chichones gratis. Así que aunque dormí un poco no podía evitar escuchar los golpes que se daba la pobre doña: “Bum, Bum, Bum” contra la ventana. Igual no me incomodaba así que dormí cool sin saber que la doña le tocó bajarse dejando el puesto al lado mío vacío. El pegajoso sueño que traía me hizo irme de cabeza contra el asiento de adelante, impidiendo el paso del que viniera por el puesto. Y luego escucho un “Ey blood…ey blood, ¡EY, PERMISO COMPA!…

¡Diablos! “Lo siento pana…dale”, fue lo que atiné a decir. Empezábamos mal, igual me hice como si no hubiera pasado nada y seguí con lo mío (dormir). Pero me ganó la curiosidad así que de reojo quise ver quien era mi nuevo compañero de viaje. Dicen que no hay que juzgar un libro por su portada, pero la portada de este libro olía a pólvora y libertad condicional.

Igual mientras él siguiera en lo suyo y yo en lo mío  no había problema. Yo podía dormir y él podía seguir pensando no sé, en a quién iba a matar más tarde, que se yo. El problema empezó cuando el susodicho sacó su celular. La cosa más fea y barata que había visto en el día hasta que me miré al espejo más tarde. Acto seguido el ciudadano busco y busco y busco. Hasta que noté un sonrisa en su rostro, estaba satisfecho, había encontrado lo que buscaba y dio “PLAY”.

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¡Wakatelas, Wakatelas, Wakatelas! y no me refiero al tipo de música, aunque también ¡Wakatelas! Me refiero más al escándalo que hacía aquel bicho feo y barato que osaba llamarse celular. Sonaba a grillos peliando, era como si me estuvieran apuñalando los oídos. Y el playlist era todo lo que a esa hora y con el sueño que tenía yo no quería escuchar. Bachata, Reggaeton, Bultrón, Dancehall, en fin el playlist más varonil y del ghetto posible. Música que te paso en una fiesta, en una borrachera o cuando alguien no me cae bien y quiero que se vaya de mi casa. Pero ¿A las 7 de la mañana? Que carajos.

Y el pseudo DJ seguía, no sé que pasaba por su mente. Quizás pensó que le hacía un favor a todo el bus. Mirando alrededor noté que yo no era el único que sufría. El escándalo era espantoso, tan horrible que se escuchaba en todos los rincones del bus. Así que las caras de los pasajeros eran de frustración, rabia, angustia y todas esas vainas que dan cuando uno ve DragonBall Evolution …no…no, nada se compara con eso, pero ustedes entienden.

No soporté más y me paré. Me alejé lo más que pude del mamarracho que seguía con su cara de malo como quien dice: “A ver quién se atreve a decirme algo, le corto la cara” (no se intimidar).  El escándalo seguía y se me fue el sueño de la rabia que sentía. Sólo deseaba que algo pasara, justicia divina o no sé, lo que sea, porque no era justo que ese man hiciera lo que le venía en gana. Y luego…un milagro.

Mr. “Soy el más malo de aquí ¿y qué?” se deleitaba con una tanda del ghetto, dance hall bien Gangsta cuando de repente…¡BOOM!… Spice Girls.

Su cara lo decía todo y la del bus completo también. Todos gozábamos el momento mientras a él se le enredaban los dedos tratando de cambiar la canción. Sudaba frío y  hasta se le olvidó como se apagaba esa vaina. El momento cumbre fue cuando escuche la primera risa desde el fondo del bus. La gente le había perdido el respeto. Un gangsta había caído…de espaldas…y sin plumas

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Ya venía mi parada y me tuve que bajar, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Se me fue la rabia y gocé todo ese día. Como dije al inicio era mi día de suerte porque al salir del trabajo, de vuelta a mi casa, me tocó lo mismo. Otro gangsta, con el mismo escándalo. Sólo que este gangsta tuvo su caída desde la primera canción. “Rosa Salvaje”, y así siguió con “Querida”, “Quien como tú”, “Como te va mi amor” y así sucesivamente, una tanda llena de miel. Así que me morí de la risa por dentro y porque no decirlo, hasta canté un par de los temas.

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Normal. Este era un Gangsta… “Open Mind”.

 

FIN

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