Una crítica de Star Wars – El último Jedi.

Una crítica de Star Wars – El último Jedi.

Sólo soy crítico de las películas que conozco, del resto solo hago reviews sobre sus bates y exageraciones, pero Star Wars es un caso diferente, ya que crecí con toda la saga. El título fue lo más certero que pudo tener la octava entrega de los capítulos. Como decía, siempre había sido fan de las naves, eso era cuando pelaito, pero cuando agarras discernimiento te vas dando cuenta que, con toda la magia recibida por las antiguas películas tienes mucho para balancear cuando ves una nueva producción.

Resumiendo la teatralidad de las películas en orden de aparición desde 1977, lo que nos importa es la evolución narrativa de sus directores como Irvin Kershner, quien fue el genio detrás del tenaz y caótico guión de El imperio Contra ataca, la mejor película de la saga, tanto que cuando la vi en sus días me dejó la misma sensación de opresión con que me marcaron los documentales del holocausto judío con que me asustaba la TV.

El último Jedi empezó así, lleno de la mística Kershner, tanto que esta batalla espacial abrió con mucho deleite y mantuvo esa fórmula del fatalismo espacial que me captó. Demasiado portentoso este inicio y prometiendo personajes heroícos. Cuando se asentaron las aguas, digo se calmaron las estrellas vino una larga situación tensa para los rebeldes, que sólo buscaban sobrevivir hasta que terminse la película, buen plot para rellenar de situaciones interesantes, pero luego de los sucesos las subtramas parecían desmeritar la historia principal.

De El último Jedi resaltan más los vacíos que decir que las cosas buenas desde ese punto en adelante, porque es predecible y lo predecible resulta vago, lo que ocurrió desde que nos intentaron enganchar con la debilidad tecnológica con que siempre vencían al imperio, ahora con La Primera Orden. O sea que si has intimado con Star Wars desde que nació sabes discernir la falta de fuerza con que nos están creando estas nuevas historias. Los elementos de suspenso y sorpresa con que contabamos antes desaparecieron porque esta parece haber sido escritas por Google, si Google, porque todo tiene una respuesta preconcebida de adrede.

Un buen punto, la maldad de esta nueva fuerza del mal es disfrutable a nivel terrenal, como una milicia espacial recuperando la esencia del General Moff Tarkin. La dirección militar del General Hux es contundente pero su persona nos pica un poco en lo Jar jar…B. y los Storm Troopers se lucen despiadadamente y recuperan un respeto que nunca tuvieron, ya que a continuación les mostramos los únicos protagonistas…

Los cañones de la nave de Snoke, no los X-Wings.

Si, los storm Troopers se lucieron porque no tuvieron que mostrar su inefectividad en el gatillo en esta cinta. Los nuevos rebeldes hicieron un papel en general muy bueno en cuanto a cómo tomar decisiones estratégicas frente a la fatalidad en todo momento, el problema estuvo al intentar vendernos esos personajes que como salchicha barata estuvieron dentro del hot dog de la trama. Esta historia se sentía como un trencito cuyos vagones transportaban pedazos de cada historia anterior, como una condensación de todas las experiencias que vimos antes, diría un auto-tributo. Y la repetición de la desventaja con que se crearon los ingenuos plots que daban realce al uso de la fuerza en las  anteriores Star Wars, la “debilidad tecnológica”, el punto débil del imperio que se copío nuevamente aquí con La Primera Orden llenando de escusas esa falta de inventiva.

La mística Jedi

En el guión la fuerza se elevó a la altura del pelo de Yoda y la desautorización de la filosofía Jedi fue contundente, el director Rian Johnson se puso rebelde subestimándola hasta hacerla Gerber de guineo en la boca de Luke. Se profanaron los elementos más importantes, tanto que hasta la galaxia cambió sus leyes para cambiar algo que hacía de Star Wars su pilar: la fuerza, los escapes a la velocidad de la luz, y los célebres díalogos, que mejor dicho no existieron, porque los personajes juveniles se tomaron toda la película y no tenían la experiencia para filosofar, y la única filosofía presente fue la de Kylo Ren de cero reciclaje, borrón y cuenta nueva con el universo Star Wars una rebeldía indescifrable, casi animal, lo que dio realce a su papel.

Una de las razones que le da magia a Star Wars es el aprendizaje Jedi, al parecer esta generación no necesita contemplar la lenta educación, ni las moralejas y tampoco comprender que toda gran responsabilidad conlleva un sacrificio como le dijo el tío Ben a Peter Parker y la fuerza ahora no pertenece a nadie y toda su suntuosidad y mística se reduce a conflictos de la pubertad, el dominio de la fuerza no necesita profundidad, aprendizaje ni espiritualidad. ¿Para esto borraron los odiados midiclorianos?

Personajes

La saturación de personajes nuevos intercalados, cuya presencia servía para crear continuidad forzada al futuro Star Wars, llenó el metraje innecesario. Desde que nos dimos cuenta que ya sabíamos cual era la solución al entramado con aquella tecnología “Más allá de la luz” se perdió el aire Star Wars, llendo y regresando, subiendo y bajando, hasta olvidárseme de que estaba viendo Star Wars cuando entró Benicio del Toro en escena, tan irrelevante como en Guardianes de la Galaxia Vol 2. Pero con una actuación muy personal que en sí si me gustó por lo informal, pero carecía de propósito.

Desde la cuarta parte la película se hacía repetitiva, hubo mucho relleno y perdida de tiempo regalándole espacio a personajes secundarios y mundos secundarios con criaturas secundarias. Los bichos que parecían caballos tomaron demasiado metraje, los pingüinitos que invadieron el Millenium también sobresaturaron escenas, eran cutes, pero no era para tanto, para eso están los Ewoks.

En el casino los carros se estacionan en las calles, no en las costas y por eso puedes perder tu libertad. No capto.

En realidad, el fallo en esta entrega fue la falta de desarrollo que era inevitable en una aglomeración de personajes con mucha suerte y sin historias, personajes que cuando aparecían en las pelis viejas, si eras piloto y no tenías historia tu papel era ser aprovechado para hacerle close-ups a tu rostro y verte sufrir el fatalismo de una explosión, morías frente a nuestros ojos y eso nos conectaba con la tensión que vivían los rebeldes. En este caso las explosiones y bajas eran impersonales, es mucha violencia para ojitos pequeños.

La isla Ahch-to

La isla Ahch-to, que era más roca que vegetación tenía una fauna insostenible para su tamaño y relieve, las vacas-morsa de ladera apostadas con dificultad no convencían por su diseño, sólo como máquinas dispensadoras de lácteos. De donde salieron tantas monjas tortugonas refunfuñonas, el caballero de la orden en Indiana Jones tenía más paciencia. EL humor era algo así como aquellas escenas de películas donde hay dos personas en un restaurante, piden un filete de pescado y les cae un tiburón, es mi única forma de explicarlo.

No sé por qué, pero esos furbis que invadieron el Millenium Falcon me recuerdan a Kevin James.

La esencia Star Wars

Todos los elementos Star Wars estuvieron ahí, pero en dosis de 25 miligramos cada vez, y a los personajes principales se les mezcló también en el mismo bus que los secundarios en importancia. Parece que el director intentaba incluir Rogue One también en el playlist de The Last Jedi. Demasiada saturación de remembranzas y aluciones a las anteriores entregas, le faltó su propio universo particular, algo que destacaba en las últimas tres películas que dirigió Lucas, su mejor mérito. Quizás la mano de Disney tenga que ver o la edad beata que me pone a escribir así dándole correa a los millenials por meter la mano en Star Wars.

Voy a sobornarlos un poco con esta imagen como hizo R2-D2 con Luke para que entiendan este review.

Crear un nuevo mundo Star Wars exige una creatividad que todo el mundo ya conoce, el diseño de Lucas en sus películas puente mostraba avances y evolución tecnológica, que parecía estar moviéndose hacia delante, pero no es aceptable que la estructura que mantuvo el espíritu, “la fuerza” se deteriore quedando en segundo plano y haga de Star Wars una saga de exagerados bates, criaturas voluminosas para sorprender, vertiginosas escapadas del peligro, suerte, coincidencias y más suerte como ya acostumbra Hollywood a hacer para rellenar con parques de diversión sus películas de acción terrenal sin profundidad. Otro buen final Kreshner fue la culminación del conflicto espacial, cerro como cuando empezó, con unas escenas sorpredentemente silenciosas que hicieron esta parte tan memorable como el inicio, porque el pan sabía mejor que el relleno. Me quedé sin argumentos, porque también sin palabras al terminar la cinta y encenderse las luces…mudo…de tanta información indigerible. God Bless Animérica.

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