Mi hipótesis mundana de por qué la humanidad no puede vivir sin violencia

Mi hipótesis mundana de por qué la humanidad no puede vivir sin violencia

Había una vez…cuando la violencia era necesaria, lo que ignora el pensamiento “progre”.

Según aquellas ciencias herméticas, del nosesismo, hay veces que uno intenta entender el panorama humano en el que estamos incrustados en este presente desbordante en tecnología y al mismo tiempo no comprender como aún hay una pugna entre la barbarie y el modernismo y como ni uno ni el otro se circunscriben a parecer darle al otro paso para sentirnos seguros de que la violencia es una etapa evolutiva superada por el hombre.

Tan alentadora es la realidad que en los países industrializados se dan las oportunidades para que lo equitativo y correcto en la humanidad se logre a través del respeto a los derechos humanos, mejoras en salud, y los avances de la ciencia lleven a la humanidad a un futuro fascinante y digno, pero a ese blanco le oscurece un gris y es el de la existencia de la inmigración de los extremistas islámicos a occidente, el primitivismo presente en contra de estos avances, la destrucción que no busca ni ciencia, ni tampoco desarrollo y que se autocontiene en su endoviolencia.

Islam y terrorismo, fuego con que juegan las superpotencias

Un tal Yisus; heredero de una cultura de violencia lo había dicho: que el conocimiento se aceleraría antes del final del mundo, y ahí sí le doy un voto de confianza y es que la tecnología le ha dado un salto cuántico a la inteligencia en el hombre, a lo X-men, a pesar de tantos obstáculos como el oscurantismo del medievo, la ilustración y luego la cantidad de dictaduras en el mundo y de las cuales aún adolescemos, por otra parte la aprehensión al fanatismo religioso como contraparte violenta en el presente.

Tal creatividad tecnológica es el resultado de las contradicciones y desventajas de la sobrevivencia humana y ahí va el hecho de porque la ciencia ha surgido a la par de los imperios que han dominado el mundo, por lo cual no hay diferencias entre las naciones elite de hoy día y el reinado de imperios que dominaron globalmente en el pasado, el ingenio florecía a la par de la barbarie mental y de ahí la riqueza cultural y el arte.

Religión, política, actos de guerra heróicos para el ganador. Así documentaba el arte la violencia desde los planos de la moral espiritual

Esto explica aquel desbalance de violencia ya tamizado y purgado por el hombre moderno, pero que se le escapa de diversas formas y muchas de ellas se ven como comportamientos incoherentes en el presente y  que al sentido común le parecen ilógicos, sobre todo pensando que aún creemos que estamos en una etapa evolutiva humana, pero los hechos demuestran todo lo contrario.

Formas de violencia subliminal con las que crecemos

Desde la infancia la violencia aparece de forma natural, en los deportes, en el bulling, en los juegos de roles; vaqueros vs indios, estas eran nuestras rudimentarias formas de expresión violenta, luego llegaron los videojuegos y con ellos hasta el chico de contextura más endeble ha podido ser capaz de ser un asesino virtual de dedos blandos. Más tarde, en la adolescencia si estudias una carrera tecnológica tu intelecto te hará entrar en el MIT para convertirte en un creador de robots y drones militares, así entendemos que la violencia primitiva sigue expresándose incluso en la inteligencia.

De las humildes pistolas de vaqueros al cañón salido como de un videojuego, híbrido creativo de dos mundos.

¿Pero de donde nace tanto desgaste de adrenalina por la violencia en la sociedad?

Hay que amar el cuerpo, él es el templo del alma, etc. De modo que moralmente, todo lo que hagas en su contra es violencia contra ti mismo…eso decía Yisus y acabó víctima de la violencia, controvertido final. Dejando un poco a un lado la teología, la violencia es la válvula de escape del humano domesticado, cuya contención de su expresión natural busca sus sucedáneos, como decíamos, en el juego, pero también la desata el estrés moderno.

Falling down (Un día de furia) película de 1993, donde un hombre común, bajo ciertas condiciones pierde todo contacto con la realidad, tornándose violento. Un tópico que en aquellos días de equilibrio social parecía exagerado, mas hoy no lo es.

Mientras hay razones entendibles para que surja la violencia desde el punto de vista social, hay otras manifestaciones que ignoramos y que también son parte de la violencia alrededor del mundo y hablamos de la violencia que genera la seguridad de muchas economías, dentro de esos países en los que mora el hombre seguro, aquel hombre normal en el cual duermen esos instintos aplacados por el bienestar tecnológico, el cual le ha hecho ignorar este impulso básico, pero que al parecer es un instinto humano necesario para la cordura. Lo que nos da paso a la próxima manifestación de violencia en el modernismo.

La violencia subliminal del entretenimiento

En el siglo pasado la violencia apareció en la TV, permisivamente en los dibujos animados, de esta manera generaciones crecieron con un sentido de competencia muy marcado, donde el astuto siempre ganaba al débil. Así se educó América, un continente que nunca había experimentado los estragos de dos guerras mundiales y la violencia gráfica era gratificante en un Estados Unidos de bonanza sin paralelos, de eso hablaremos ahora, del producto de la seguridad de los países desarrollados y el necesario consumo de violencia en su población.

A finales de los 80’s los videojuegos con alto contenido de violencia, no eran creados en los Estados Unidos, sino clandestinamente en Japón, país exportador de violencia extremadamente gráfica en cómics, animaciones y videojuegos, país con una población que siendo una potencia económica en el mundo es una nación con una sociedad extremadamente pacífica, pero que exporta violencia intelectual.

Fist of the North Star, manga y anime que marcaron a Japón como productora del culto al sadismo y el “Gore” infantil

La TV ha muerto y el poder del media del entretenimiento ha pasado a las redes y hecho conscientes a las personas comunes de su impacto y para estar al día y competir por el rating aparecieron los deportistas extremos, quienes persiguen sus fines exponenciando y forzando al límite sus capacidades humanas. Ya el riesgo no lo toman los cartoones del pasado para nuestro entretenimiento pasivo. En bien del ocio el hombre de hoy ha recurrido a jugarse el pellejo para esos fines lúdicos. De ahí surgen los retos (challenges), récords (guinness), y la industria de la adrenalina desde la tímida X-Games a la industria mortal Austro-Tailandesa de RedBull.

Ueli Gegenschatz, última víctima de RedBull, la deidad del modernismo agnóstico.

Pero como decíamos, en el deporte extremo hay otros seres que ponen la violencia en lo real y son los propios protagonistas de sus juegos, aquellos retos donde no hay refill, corazones de repuesto, y los game over son eso; GAME OVERS definitivos. Son personas que provienen -en efecto- de países donde la paz, la humanidad y el bienestar abundan.

Por eso es que aquí nos damos cuenta que la sangre llama, pero con inteligencia a no ser que tengas todo el dinero y una vida cómoda y quieras ser como un ‘Ché’ Guevara, que también provenía de un Argentina lleno de gente rica como él y como no existía RedBull para patrocinarlo se dedicó a crear guerrillas y asesinar gente (por ahí les tendremos un artículo de esa demencia).

Wu Yongning de 26 años cayó desde un rascacielos de 62 plantas, por dinero, fama y una buena causa.

Como vemos…en los países más seguros y económicamente beneficiados está la gente más loca. Si señor, todos esos australianos, asiáticos y europeos jugándose la vida por la adrenalina. Algo que nos preguntamos y no entendemos si tiene lógica.

¿Cómo estos países después de lograr sus economias de punta, entre sus habitantes existen personas cuyo instinto animal busca esos canales para poner a calentar esa adrenalina natural; sin pelear en guerras, sin asesinar inocentes en serie, sin dañar al prójmo? Para ellos nada de esto es necesario. Mientras que la mala violencia social de la delincuencia en nuestros países latinos también quiere gastarse su adrenalina, pero al contrario, primero a volar en pichi para que la adrenalina no les haga estragos por no poder soportar el miedo en esos cuerpecitos endebles de anemia física al momento de perpetrar sus crímenes.

¿Dejan las guerras latente en el hombre la predisposición a la violencia?

Ya estos títulos se me están pareciendo a los de La Atalaya y Despertad!, que al final no me dicen nada. A más de medio siglo de la segunda guerra mundial la paz actual -paz aparente porque ya el terrorismo no nos deja pensar si estamos en un mundo estable- la viven jovenes descendientes de aquellos guerreros de la década del 40, del siglo pasado, donde sus abuelos fueron lo suficientemente heroicos como para participar en aquella segunda guerra mundial. Entonces sus descendientes en mi hipótesis se dedican hoy a batir récords mortales para llenar esos vacíos primales de guerra. Y entre los soldados menores, o sea la infantería moderna tenemos a todos esos jovenes que intercambian challenges por clicks o trendings de You Tube que les han cobrado la vida como bajas de guerra digital; por lo tanto a quienes les consideramos imbéciles por sus actos tenemos que pensarlo dos veces. Nadie sabe, si es selección natural o son guerreros sin causa que buscaron con la valentía la muerte por default.

Selfies mortales, más de 250 muertes alrededor del mundo.

Como vemos la violencia es inherente a la humanidad, y el arte; ya que esta es una página de arte y hay que incluirlo en el tema, fue usado como una forma de representación visual de violencia decorativa para esas civilizaciones ya pasadas, y ya no lo es, porque el mundo actual no necesita reafirmar su benevolencia, humanismo y nobleza a través de medios artísticos para adornar sus crímenes, porque de hecho hoy existen países que han logrado ese ideal de forma sincera, pero el costo se sigue cobrando por legado.

La música es una herramienta social que canaliza la violencia. Metal y rap de protesta.

El humanismo, la paz y el bienestar de las naciones ricas de hoy es real con un denominador común; desarrollo y economias saludables y lo experimentan en sus sociedades altamente humanitarias, como en Europa, pero irónicamente estos países estan buscando su forma de violencia, ya que no la pueden generar, unas veces en las manifestaciones musicales, como el rock de protesta o el rap social, segundo que surgía del bienestar de la comunidad afroamericana y otras manifestaciones sublimes de placebos a la violencia cuando las cosas funcionan bien que no recordamos.

Desaparecieron los movimientos terroristas propios de Europa; Irlanda (IRA), España (ETA), Alemania (Ejército Rojo), Francia (NAR) y se ha dado paso al terrorismo islámico.

Por tal es el caso de los países europeos, donde otrora estas tres últimas décadas ha reinado la paz y seguridad del progreso, hoy día sus países, Inglaterra, España, Francia, Alemania, Suecia; le dan la bienvenida a la violencia en forma de inmigración islámica, al parecer todo sea por el equilibrio de la violencia natural, instintiva e inherente a la imperfecta humanidad.

Y surgen los pensamientos profundos. ¿Es la violencia un estado natural en el hombre? ¿Puede el hombre vivir en paz? ¿O la paz puede llevarlo a autoaniquilarse al alejarse de su naturaleza? Es la tecnología un velo que duerme al humano real, el que en estos momentos debería estar cazando animales, recolectando frutos y mantener pensamientos naturales arrigados a su tierra. Será este el componente idealista del hombre altruista que busca los origenes y que mantiene esta pugna entre la conservación y un futuro prometedor. O son los medios, como la izquierda y la derecha los verdaderos obstáculos, junto a la religión para que el hombre sobrepase su oscuridad. No lo sabemos, pero sí existe un orden natural y el planeta tiene la respuesta, él mismo es una esfera cambiante y en cuyos interiores le componen mecanismos violentos que la conforman, como un único ser vivo en la vastedad de la galaxia y nosotros, todo lo viviente sobre él, sus hijos. Chao, que me puse Carl Saganístico.

 

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