Mirar a los ojos en tiempo de Pandemia

Mirar a los ojos en tiempo de Pandemia

Con los meses que llevamos en este estado, frente a la lejanía de quienes para nosotros son más importantes hace que falte ese elemento natural, “mirar a los ojos”. Cuando diariamente, para quienes viven en familia es más fortalecedora esta interacción expresiva en relación a mirar a ojos extraños o a personas con quienes no tenemos vínculos reales es otra de las condiciones de muchas personas.

Aunque gracias a la tecnología, la cual es una virtud para esta generación y el que nos comuniquemos moviéndonos entre emojis, los mensajes de voz también son vitales para esa conexión. Pero faltan los ojos…y para quienes salimos al exterior nuestra interacción con nuestros semejantes depende aún más de nuestros ojos, ya que nuestra boca, nuestra otra fuente de emociones y mensajes está oculta bajo una mascarilla.

Nuestros ojos se han hecho tan importantes en este presente frente a lo que no expresa la boca, ni las manos o los gestos del cuerpo entero, todos obstaculizados en este nuevo intento de lenguaje. Aunque algunos entendemos lo que los ojos intentan decir de forma subliminal, tal lenguaje no se limita sólo a lo que comuniquemos en ideas verbales y audibles para ser escuchadas, sino que los ojos aparte de mirar a las personas para comunicar, en sus movimientos también nos conectan al subconsciente aunque no lo sepamos o advirtamos.

Ellos también funcionan como el cursor en la pantalla de una computadora y así los utilizamos para localizar los pensamientos e ideas que hay dentro de nuestra mente. Algo que hacemos, pero los demás no toman en cuenta.

Los ojos como visualizador de nuestro mundo interior y exterior

Ambos ojos siempre están en comunicación con nuestras ideas y pensamientos y principalmente con la proyección de quienes somos. Para ello nuestro cerebro acude a la localización espacial abstracta y le da un lugar en el espacio a cada forma de pensamiento que nos aborda en un momento específico.

Lo podemos observar en los demás desde los gestos más expresivos hasta las micro-expresiones, pero la posición que nuestra mirada ocupa en un momento determinado habla de qué conceptos, ideas o valores estamos enunciando verbalmente (ahora con mascarilla). Cuando hablamos no mantenemos los ojos fijos constantemente en la persona que nos escucha porque eso se ve extraño.  Además, hasta cuando hablamos en el teléfono (celular), nuestros ojos acuden a la información que existe dentro de nosotros por medio de movimientos oculares, como si se tratase de buscar los archivos en la memoria.

Para ello estaríamos imaginariamente buscando esa información en un lugar espacial frente a nosotros mismos, como si tal información estuviese tanto dentro como fuera de nuestro perímetro, o sea…un lugar físico, como un mapa tridimensional en el aire, algo que representan bien las películas de ficción.

El lenguaje de la mirada

Vamos ahora a la descripción de cada posición de la mirada en ese mundo espacial de ideas y pensamientos y su significado. Para las introspecciones bajamos la mirada fijándola en algún punto. Para buscar algo en los recuerdos subimos la mirada y la colocamos a nuestra izquierda. En caso de que lo que hablamos pertenezca a la imaginación lo buscamos a la derecha, sea la elaboración de una idea o construirla, por esto es que quienes conocen esto saben cuando mentimos, porque no lo hablamos mirando a la izquierda, el cual es el lugar donde se almacenan las experiencias realmente vividas.

La guía representa los ojos vistos desde nuestra propia persona, o sea pónedla de máscara

 En sí…tal parece que nuestro lenguaje escrito también obedece a esta espacialidad de valores cuando plasmamos nuestra escritura en papel, esto es lo que ha estudiado la grafología con suma eficacia.

Nuestra noción de la realidad depende de que observemos nuestra conciencia entre coordenadas de valor visual, como una cuadrícula en la que colocamos nuestros valores a enunciar. Lo más curioso es que vemos una parte de nuestra persona fuera de nosotros, a través de recorrer ese espacio tanto fuera de nosotros, como detrás, si… porque detrás nuestro, nuestros ojos toman conciencia, pero de peligro e incertidumbre. No estamos mucho en ese “patio trasero”, ya que  nos domina la noción del tiempo en movimiento hacia delante, hacia las acciones futuras.

Luego de todas estas proyecciones nos damos cuenta de que sólo existe un lugar donde la mirada no realiza búsquedas, y es en el descanso de la mente, en un punto sin lugar determinado, uno que sólo encontramos en la desprendida tranquilidad.

La pregunta es, ¿Porqué hacemos esa proyección externa? ¿Porqué vemos nuestro Yo fuera de nosotros? La explicación se da en la comunicación, ya que estamos en constantes cambios de decisiones y pensamientos para ajustarnos al mundo exterior y habremos de escoger, en el menor y más económico camino las conexiones correctas para presentar nuestros juicios y expresarlos desde nuestra propia materialidad, ya que es en ese plano que nuestra mente crea la suya.

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En esta pandemia son nuestros ojos, quienes nos mantienen conectados con el mundo, con Zoom, con el whatsapp, con las videollamadas, y es que somos seres que necesitan de los ojos para comunicar sus emociones, con la especialidad de la voz, mientras del otro lado, los animales se comunican en formas elegantes y especializadas para realizar sus tareas de comunicación sin sus ojos estar en ese lugar importante en que lo ha decidido para nosotros la evolución.

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