Nos encontramos un mercadito de Calidonia allá en Beijing, China.

Nos encontramos un mercadito de Calidonia allá en Beijing, China.

Como nuestros lectores dicen que extrañan los artículos de otros países que hacíamos volvimos con algo de 2016, cuando viajamos a China. Y de entre las largas caminatas que dabamos para conocer los alrededores nos metimos sin saberlo a un mercadito hundido en pleno centro de Beijing, donde vimos cosas muy humanas y pictóricas y tan parecidas a nuestros mercaditos panameños, como el de Calidonia o el antiguo mercado público, por lo tanto aquí les enseñaremos un poco de lo tanto que vimos en el recorrido sin destino al que nos aventuramos…terminando en aquel mercadito.

Dirección del mercadito en Google desde el hotel en que nos hospedabamos: latitud 39°50’42.82″N longitud 116°23’45.59″E

Fue una muleada corta que no sabíamos a donde nos iba a llevar, hasta que tontamente nos metimos en una calle algo hostil. Eramos Manuel, Nico, Rob, Benny y yo quienes nos metimos en este trip que documentarémos.

En el trayecto saliendo del hotel vimos algo que se repetía donde fuera, la gente tendía sus trapos en plena acera sin ninguna pena, con la intención de aprovechar y secar la ropa en minutos por el sol candente de 45 grados que hay allá. Esas costumbres aquí sólo la practican los piedreros, por eso yo extrañado tomándole foto.

En el camino la curiosidad nos hizo entrar a un complejo de techados que parecía un mercado que esta justo detrás del hotel donde nos hospedamos, entramos ahí esperando encontrar cosas curiosas, pero…

…techo tras techo lo único que había era telas sintéticas imitación piel de animales para vender y hacer abrigos…

Lo más interesante que vi fue una moto marca Apple. Recuerden que dentro de China ellos pueden inventarse las marcas que quieran, allá no llegan las leyes de derechos de marca. Salimos de ahí con una sensación de claustrofobia profunda, ya que el aire no se movía por tanta cantidad de telas de peluche y felpa deteniéndolo y opacando el sonido del exterior…

Salimos a la libertad y volvió el sonido callejero y en el camino vimos a dos compas que venían de hacer el super, uno de ellos sin sueter porque la calor era tan tremenda que era excusable y nosotros ya andabamos sudando. Otro lape venía desde lejos gastando batería, menos sudar él como esos dos doños.

A la primera curva a la izquierda nos topamos con un perrito enano. Es curioso, pero por todo Beijing no existen perros grandes, todos son de este tamaño y la gente tampoco tiene perros de mascotas. El perrito tomó el mismo camino que nosotros.

Los acarreos del mercado de abastos aquí se hacen en carretillas de rueditas, allá se hacen en estas bici-coches.

Una bicicleta abandonada es cuestión de poca importancia, los dueños que perdieron memoria de su existencia las dejan olvidadas como zombies .

Como ya había pasado la hora del almuerzo aparecieron bajo un árbol trabajadores del área (suena seria la narración). Bueno, unos manes parqueando chillin’ jugando barajas y comiendo hampao.

Allá también a los cuidacarros y parqueadores les gusta poner sillones al aire libre para echarle el ojo a los estacionamientos sentados en primera clase.

Seguimos recto cojimos a la derecha y mientras caminabamos empezaba a subir la actividad en la calle y doblamos otra vez a la derecha como por instinto a nuestro destino…

…aquí es el mercadito chino…donde nos metimos llevados por la gente…

Una moto que se carga con electricidad de la casa. Esas ya están aquí en Panamá, las venden al final de la calle 50. Con las nuevas relaciones con China ya me veo con la mía en la llesca y mi cuenta de luz rompiendo estratosféricamente el subsidio del gobierno.

Gallinas perdidas por las calles, de patas negras, buenas para hacer macúa, y en el fondo un michito enfermo que va a pelar el bollo.

Los peces los venden en pecera, parece más barato y práctico que venderlos congelados o esperando no se pudran sepultados en hielo. Hay uno pata parriba (sé que no tienen patas) que tiene cara de que va a cantar el manicero.

Gran cantidad de huevos de gallina de colores normales…

También los hay celestes. Y también venden ¿Pepinos? Sí…pepinos dulces chinos.

No me pregunten por las legumbres, de a vaina conozco el tomate y la cebolla morada…

En un tramo del callejón habían peces, todos vivos y frescos para la venta…¿Cómo hacen para mantenerlos vivos a toda hora?

Y unos bichos bajo el agua tan extraños que no sabía si eran mariscos o cienpies de río.

Hablando de insectos, era muy común ver como espantaban las moscas con unas tiras de tela pegadas a un motor que se mantenía girando. Hace falta comprarse un par para venderselos a los manes del mercado del Marisco.

Apareció una Frida sin Calor pinturreteada y en colores vivos… 😀

Ven…más perritos tamaño cartera por ahí sin dueño.

Pato asado. Había más patos que gallinas a la venta asados y listos para comer.

Ese del sueter negro es Rob, que se iba adelantando, por eso salió en la foto. Decidimos parar de seguir entrando porque lo que se veía al fondo no era buena vaina y ya los puestos de venta quedaron atrás, así que decidimos devolvernos.

Para atrás denuevo. Casi en la salida nos metimos en una frutería y compramos uvas, manzanas grandes que saben a durazno, y guineos amarillos, que salieron más caros que nunca aunque los hayamos comprado en Yuanes. Esa fue nuestra odisea asiática buscando un mercado de inframundo en la capital de China. Si bien este mercadito es parte de lo que generalmente se veía en Beijing antes del sigo XXI y antes de que el gobierno le metiera dinero a Beijjing para modernizarlo de forma relámpago para prepararlo para las olimpiadas 2008.

Chao pipul, dejamos al mercadito de Calidonia chino en paz y nos fuimos.

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