¿Sabes cuánto hemos cambiado los panameños?

¿Sabes cuánto hemos cambiado los panameños?

Hay veces en que despierto sin saber donde estoy en referencia al pasado, el hecho de conocer bien tu país y su gente hace parte de tus convicciones reales y el valor de lo que te rodea. Puede que yo esté entrando en una etapa natural de la vida por la que tengo que pasar respecto a la realidad, pero sí aún te identificas con lo que te hace ser panameño por tus costumbres aprendidas y lo único que alguna vez temiste fue la incertidumbre de la inminente amenaza del Y2K ante la entrada del nuevo milenio y sus supersticiones es porque hay algo más. No se trata del ratón que pregunta dónde está su queso, ya que al contrario, es algo general y no puedo negar que se nota que ha habido un cambio muy drástico en nuestra sociedad panameña.

Pero ya estamos aquí, han pasado 18 años y Panamá no es igual. Antes en el siglo pasado pasaban décadas muy marcadas, que se hacían alegóricas desde los años 50’s. La post-guerra, la tecnología del transistor y la TV hicieron lo que hoy día el internet y los celulares; llevarnos a otra realidad. Durante el siglo pasado las décadas anteriores a los 50’s con su literatura y la ciencia cimentaron sueños fundando las tendencias del resto del siglo XX.

Aquella era nuestra realidad y el comercio tenía estructuras de consumo foráneas muy definidas con que alimentaba nuestra mentalidad y sus intereses de vanguardia influenciaron nuestras anteriores generaciones a muy leve escala, con el impacto de las modas desde el exterior; las figuras e ídolos musicales y el sentido de progreso del modernismo liberal. Hoy, estas influencias son mayores y muchos valores han cambiado sus polos, por lo que Panamá ha sido reestructurada socialmente por el mundo, debido a la tecnología de la comunicación traída por el internet y entre todo este conjunto de factores hablaremos de las que han hecho cambiar nuestra mentalidad en el Panamá de hoy.

El folklore

Paulatino cambio, de casas rurales a estructuras más civiles en nuestro campo.

En lo rural…en el pasado existía una actitud digamos “clasista” de la gente inculta de la capital al visitar el interior de la república y comportarse frente a los lugareños en las provincias centrales. Pero a nivel de valores la gente del campo tenía muchos más recursos culturales para amar su propia identidad y era muy placentera aquella fantasía turística del ruralismo instrumental y medievo con sus expresiones coloniales sobrevivientes en el folklore. Hoy no hay rastro de aquellos mundos, de la inocencia de aquella educación casera y del sentido de humildad y asombro del interiorano, ya la tecnología, el consumismo y los males sociales emigraron a nuestros pueblos.

El panameño de ciudad.

Vista de la Avenida Central en la década de 1960, cuando la vida nocturna era tranquila y segura.

El gobierno de Martinelli puso en la sociedad y su interacción un clima de seguridad palpable y el desarrollo de muchas Pymes. Los comercios volaban en consumo y esto se veía reflejado en la sociedad y el cambio del tranporte a Metrobus. Una reeducación moderna estaba haciendo ideología en el panameño, aumentando su autoestima general. El panameño se veía más sociable, ocurrente y desprendido al abordarnos más alegóricamente, nos sentíamos socialmente saludables y mucho de esto se percibía con naturalidad de la gente en la calle que en lo personal me traía muchas anécdotas curiosas, lo panameño se hacía tan expresivo que por eso quizás nos incluyeron en la lista de los países más felices del mundo, al mismo tiempo que optimistas.

La juventud panameña

En los 60, la juventud participaba de luchas sociales de importancia general.

He aquí una connotación que lamento decirlo, pero es negativa y no hay mucho que explicar. Niños ratas, millenialismo todo surgido del ninismo de inicios de siglo ha despegado a la juventud de las raíces y valores tradicionales, no dicho de forma chauvinista, sino del de la búsqueda de proteger un futuro seguro basado en la tradición para mejorarlo en relación a las generaciones pasadas, algo que los panameños descendientes de otras culturas minoritarias de origen extranjero, sean judíos, chinos o musulmanes si han logrado perpetuar.

El cambio de una sociedad de engranaje a una inmersa en la sobreconciencia personal.

La ruptura generacional es abismalmente perceptible, ha muerto todo contacto de relevo, sea musical, de consumo, de aprendizaje, de vinculaciones familiares, el jóven siente que es valioso, sacro y relevante para ser tomado como tal por la sociedad debido a su tiempo invertido en todos los refuerzos tecnológicos, quiere ser parte de un mundo moderno y no rudimentario.

El aprendizaje dados por los mayores como en los años tradicionales del siglo pasado, donde los jovenes atendían el valor de la conducta, al no depender de ello hoy día dan valor a su imaginaria plusvalía, el jóven valora la educación de forma digital. La juventud duerme en su papel de auto-independencia surreal al entorno que le afecta y los adultos no saben proveerles de tener esa conciencia debido a la mala pedagogía familiar resultado de la vorágine mental de medios de comunicación y marketing que ha debilitado el espíritu de inclusión familiar que existía en el pasado.

Así eran los núcleos familiares antes de llegar la novedad digital y los celulares se iniciaron como un instrumento a inicio de siglo, como “babysitters” que daban esa sensación de cercanía entre padres e hijos, ayudando a su comunicación y fiscalización. A pesar de que el resto de la juventud del mundo tiene habilidades de cambio y activismo, en Panamá por los niveles de ignorancia no podemos entrar en aquella conciencia que busca remover lo político y hacer cambios sociales, teniendo en cuenta que  el 50% de la juventud panameña tiene poder de voto en la política.

La inmigración Venezolana

Los aeropuertos del mundo y la copiosa migración venezolana, sin fugas ilegales.

He llegado a la que quizás considero la mayor razón del desfase de la realidad social en que vivimos inmersos como panameños y nuestra identidad, que por generaciones moldeó nuestras costumbres y personalidad social. El fenómeno no es sociocultural sino socioclasista. ¿Porqué? Porque hemos recibido durante décadas inmigraciones, en su mayoría personas humildes de otros países y por esa calidad han podido adaptarse con sus diferencias culturales a nuestra sociedad trayéndonos cosas buenas, como la comida, la música y la hermandad añadiendo una variedad social saludable y enriquecedora a nuestros estratos.

Presente de oportunidades ya preestablecido, inmigrantes y sueños.

Los venezolanos que nos han llegado son diferentes desde los primeros éxodos, han venido luchando, no por una oportunidad, sino por causas extremas y mantener un estatus ya obtenido en su país. Los que se incluyeron lo hicieron de forma legal en un inicio, pero a medida que  aumentaba el éxodo con la segunda ola, el país carecía totalmente de estructuras para ellos y se han incluído forzadamente en estratos bajos lo que ha generado todo este problema no migratorio, sino clasista. Se puso en tela de juicio nuestra identidad, de la que nos hace desde siempre ser panameños en nuestro orgullo local, apareció la xenofobia como nunca la percibimos y ante la suma de problemas que esto trajo ya no vivimos como antes, como decía…hemos derivado de una forma extraña de panameños.

Nos sentimos diferentes, observados, presa del juicio, envolviéndonos en la creación de chivos expiatorios, pensando en nuestra seguridad laboral, en oportunidades y en sí hemos tomado energías en asuntos que nunca fueron parte de nuestra idiosincracia sumando la explosión mediática del permanente bombardeo en materia de corrupción. Por tal no se percibe la fuerza de ese panameño agresivo, criticón, alegre y espontáneo de años atrás, que sí bien ha cambiado sustancialmente desde la creación de leyes urbanas que con bien le han quitado aquel perfil antisocial el cual siempre fue una parte oscura de nuestra personalidad social.

La violencia

Si bien la dictadura mantuvo la violencia como su método de poder, los antisociales estaban subordinados a ese poder, ya que la policía controlaba todo. Llegó la democracia y entraron leyes para proteger todo tipo de hecho delictivo en bien de los derechos humanos debido al fantasma de la dictadura. De esta manera el narcotráfico y la violencia se han hecho oportunidad ante el nuevo sistema que inició con la nueva democracia de exagerado perfil humanista.

Una de las peculiaridades del panameño en décadas anteriores era su muy copiosa vida social nocturna, no sólo en referencia a la diversión, sino a que existía un modus coloquial hecho costumbre. Mientras la delincuencia que tenemos no es por necesidad, sino por el resquebrajamiento de los valores como todos sabemos. No existe el reciclaje social y la inclusión del antisocial no es efectiva porque pende en sí de las oportunidades de un empleo legal. Lo que nos lleva a otra causa de cambio…

La corrupción

Única actividad exitosa contra la corrupción existente en Panamá el día 9 de enero de 2018.

Se vive una gran negación, porque hemos perdido el enfoque, no por no identificarlo, sino porque muchas cosas han fallado, la corrupción nos ha hecho conscientes de luchas en redes sociales que por ser sólo eco detiene toda conciencia de acción. La corrupción ha añadido otra personalidad más al sentido de ser panameños y tiene mucho que ver con esa dignidad general que proyectamos como país y que aunque no lo reconocemos nos afecta de la misma forma en que un gobernante presidencial cambia nuestra percepción de nosotros mismos, ya que como sociedad en desarrollo no hemos madurado al punto de las naciones de avanzada social; que basan toda instrospección en su auto-sostenibilidad, educación y economía. Somos herederos del paternalismo aunque no lo veamos de forma consciente.

Imagen del panamá desarrollado desde 2005, sus estructuras ya estaban en pie.

Para terminar, como vemos…instrospectivamente hemos perdido mucho de esa base, nos hemos sujetado a fuentes superficiales de identidad, como el fútbol, porque nos mantenemos referenciados constantemente hacia otros países, mas no a un nombre; Panamá y sus propios modos. Hay muchos cambios estructurales, sean urbanos y comerciales y nuestra juventud ha sido la mas alienada al olvidar con más profundidad y quizás por esa negación el hilo de nuestros orígenes. Estamos poco a poco convirtiéndonos en ciudadanos del mundo, mientras observamos que nuestra identidad está en manos, ya del comercio y que todo lo folklórico o regional está determinado por el profit y el beneficio, incluso desde los sistemas que promueve el gobierno en la cultura y en la forma en que se maneja la nacionalidad.

Skyline Panameño 2018

La juventud se siente presa del futuro en un panorama de corrupción. La fuerza laboral está sometida a cambios drásticos por la sobrevivencia de las industrias. Estamos en manos de fuerzas políticas que nos oprimen aunque lo ignoremos. Atrapados en un sistema de poder cerrado, la izquierda que también intenta sobrevivir ha hecho florecer su baja moral, y el panameño esta sobrealterado en la búsqueda de justicia y no hay camino claro para romper el ciclo, cada día somos más conscientes de la disociación y alienación social en que vivimos. La nueva tendencia del realce religioso en la política, el movimiento de inclusión social de ideología de género. Hay tanto separándonos que no podemos concordar en brindarnos aquel aire al panameño que éramos hace 3 décadas atrás.

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