¿Ser artista es serlo o creérselo? Una reflexión sobre el vacío del arte del “Ahora”

¿Ser artista es serlo o creérselo? Una reflexión sobre el vacío del arte del “Ahora”

A tres años de empezar a practicar arte -pintar por primera vez- por razones provenientes muy de mis entrañas me expuse al arte en su totalidad, más allá de lo que hasta el momento entendía como arte. Al practicarlo, me tocó analizarlo y de paso hacerme introspectivo sobre la verdadera intención del arte. Sus bondades en la experiencia te mantiene con los pies sobre la tierra, ya que te hace más consciente del presente y debido a que tu imaginación vuela, te conecta con la naturaleza, te hace entender la emotividad de las personas que dedicaron su vida al arte, por el código de sus elementos, sus trazos, la elección de sus formas y la influencia de sus colores; su motivación.

Coloreado LGBT sin sentido y dirección, la forma salva la incomprensión visual

Pero en este viaje, luego de entender y asimilar tendencias modernas, ya que es lo que abunda en el medio, uno especula si quienes están haciendo arte, en realidad se lo toman en serio y tienen una filosofía con bases fuertes detrás de sus ejecuciones o es todo un efecto del presente en que estamos viviendo por esa crisis de profundidad de la que adolece no sólo el arte, sino otras expresiones, como la música.

De hecho, me gusta exclusivamente el arte creado con los medios tradicionales, oléo, acuarela o acrílico como los más predominantes, mientras guardo una especial admiración por todo tipo de escultura moderna, aún creadas con impresoras 3D láser. Pero, entre tanto modernismo de mediums y materiales uno empieza a especular sobre qué puede ser considerado arte y que no, desde la misma perspectiva de los materiales, los que están causando esta crisis de intención en el arte.

Lo CHIC, y los años 60, donde el artista empieza a ser más importante que la obra

Como vemos, el arte al alejarse de lo tradicional está entrando en una atmósfera donde se convierte en solamente una vía o fábrica de ejecuciones sin sustento humano, como sí ocurría a mediados del siglo pasado, hay una falta de alma profunda en el arte y esto tiene una explicación evolutiva desde los años del auge de la publicidad de aquel entonces.

Llegó 1991 y yo era apenas un pelaito que iba al supermercado Rey a comprar unos fascículos delgados que se coleccionaban por números semanales y que juntos creaban un volúmen completo sobre un tema en específico. Eran el boom en cuanto a interés didáctico. Mientras coleccionaba el referente a Diseño gráfico, en sus páginas había una columna que tocaba el tema sobre sí las ilustraciones del diseño gráfico podrían ser consideradas arte.

Por tradición el arte de museo es mayormente tomado como interés turístico más que como arte

Desde esta preocupación nos damos cuenta de que el arte actual tiene peores problemas que aquel que se planteaban los artistas en los tempranos 90’s, sobre qué era arte y qué no para un artista…los artistas de academia tenían un dilema entre crear arte propio o crear arte para ilustrar anuncios, ya que eran ellos quienes con su alto profesionalismo los cuales podían crear imágenes visualmente poderosas usando sus conocimientos para brindarlo a la publicidad, de manera que la preocupación redundaba en lo ético. Pero en la actualidad hay algo más, no la duda de la intención final del artista, sino sobre el artista que crea las obras y su capacidad.

Mientras en el arte los museos, las exposiciones y los pintores de renombre, sobre todo los latinoamericanos influenciaban en los medios,  las computadoras para diseño aún estaban en pañales y en el mundo del arte todavía eran de suprema importancia los materiales tradicionales.

1995, con la llegada del internet, el Photoshop, antes exclusivo de las agencias publicitarias se hizo accesible a todos.

Luego…7 años más tarde, con el potencial del Photoshop 6.0  e Illustrator 8 los diseñadores de agencia empezaban a experimentar con las herramientas digitales, donde los programas eran usados para intentar imitar el arte tradicional, esta prima intención con los años fue creando jóvenes que como yo, con pocos estudios o ninguno sobre arte tomaron y experimentaron con lo digital para interesarse en crear arte. En pocas palabras la herramienta cautivo al curioso casual haciéndole de un poder que democratizaba la expresión artística, ya que tanto los artistas con estudio académico como el improvizado contaban con las mismas condiciones para crear.

Filtro de Photoshop, 10 segundos- calco con lazo, 15 minutos- arte dedicado con múltiples herramientas digitales, 4 horas.

Esto trajo como consecuencia miriada de artistas mediocres que se autovaloraban al detal entre sí y el arte creado en estos aparatos electrónicos impulsaban en los jóvenes una ávida competencia por imitar a los profesionales. Lastimosamente, el entretenimiento plantó un estándar sin crítica, el autodidactismo se apoderó del mundo y aunque esta expresión novicia hizo girar el interés popular del público a lo digital, limitó a los que creaban arte con materiales tradicionales, además empezó a hacer que el público común perdiese interés por el poder de la pintura tradicional, ya que la premisa de la inmediatez y facilidad del photoshop, siendo una novedad suplantaba el aprendizaje profesional y académico.

El mundo hipster nos dejó el estilo de arte comercial de lo retro-artesanal

Los programas de computadora trajeron tendencias de diseño muy expresivas visualmente y en el diseño gráfico ocurrió una revolución equivalente a las escuelas del arte de finales del siglo XIX (19) que aún se mantiene y es la tendencia de estilos; que como en el arte, pasó del impresionismo, al dadaismo, luego al cubismo, etc. pero con colores, composición y fonts. El arte comercial depende del lenguaje de los visuales, no puede permanecer en el tiempo y permuta en su evolución con una rapidez que no permite contemplación, a diferencia del arte real, el de artistas, el cual se salva de tendencias y tiempos, ya que nace del interior del creador con espontaneidad.

El arte comercial hecho con aerógrafo, era la norma antes de la llegada de los programas digitales

Acortando más para no ser extenso. El artista de antes de la era digital, se planteaba muchos procesos, desde la inspiración hasta la ejecución de sus obras. Tenía que pensar y tener fé absoluta de que sí empezaba una obra, ella llevase todo el potencial y estímulo definitivo para su creación. Los pensamientos del artista debían ser lo suficientemente poderosos para impulsarse a tomar un primer pincel y posarlo sobre un lienzo, no habían vueltas atrás o arrepentimientos, así eran los artistas de antes. El arte era un medio de vida, no una característica más de una persona, ya que al una persona iniciarse en la pintura o escultura, el proceso artístico tomaría mucho del tiempo de sus vidas en horas y horas diarias, no algo que se vive por pequeñas temporadas. Por lo tanto el arte de crear era un viaje de experiencias gratificantes de comunicación sensorial constante para el artista.

Mirar, contemplar, estarse callado ante lo que ven sólo los ojos y no logra emocionar

En tanto nace la comparación sobre qué motiva o impulsa a los nuevos artistas del medio tanto digital como tradicional actual, a ser o creerse artistas. He ahí la trampa del medio, donde existen personas que manipulan el arte como una influencia social sin sacrificios, ni vivencias profundas, sino asimilando ideas externas que le llegan a la mente conciente bajo la trampa de lo insulso y superficialmente gráfico. Por lo que la valoración para considerarse artistas deriva del mismo modo en que todos tenemos acceso a la información, seamos cineastas, poetas, literatos y por estar expuestos o preocupados de forma social en un mundo donde predomina la imagen comercial.  Y es la imposición visual y el fácil acceso a un lenguaje de cosas el que da acceso a la emergencia esporádica de individuos que manipulan materiales mundanos a los cuales todos tenemos alcance sin una profundidad humana.

Sobre el público sin intención él tampoco tiene la culpa de la baja calidad del arte, ya que al no tener el conocimiento para diferenciar el arte cae víctima de la inducción, que no es más que la preparación del amarillismo sobre las obras modernas y sus sustentos político-sociales funcionando estas como parte de un espectáculo montado. Mucho de lo que se dice es arte, es un montaje transgresor del lenguaje de los tabúes limitado en su ejecución por grupos socialmente de un intelecto cerrado, tabués de los que nadie adolece, siendo casuales e intrascendente y con intenciones superfluas, las que no logran impregnar emociones en la memoria del espectador curioso. Por lo tanto vivimos tiempos donde es más fácil creerse artista que serlo.

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